






Sin dudas. Primeros besos, primeros pasos. Ojos que se cruzan entre la sombra verde oscura que se va alejando, dando paso al sol que ilumina nuestras primeras palabras, nuestras primeras caricias. De tu mano recorro el cielo. Taxis que vuelven para volverse a ir, guardando besos.
Abrazos robados a traición, por la espalda, en estaciones perdidas. El verde se convierte en nuestro color. Más de una vez, con tacto húmedo. Ojos cerrados. Tiempos parados. No me olvides. No lo haré. Últimas miradas a través de cristales. Siempre a través de cristales.
Olor a sal. Arena en el pelo. Noches de luna llena sin luna. Una toalla, un corazón, una cama, una ilusión. Noches descalzas. Pelo enredado. Luz de las velas. Aroma de rosa. Carcajadas de madrugada. Suspiros de placer. Vidas que se encuentran y se agarran de la mano. Fuerte. Con fuerza. Almas que se miran y hacen pactos en silencio.
Pactos que dan vida. Pactos que respiran pensando en el siguiente escenario.

Un tiempo después
Con el paso de los años he conseguido olvidar, pero no quiero perdonar. En este tiempo he buscado ayuda en alguna palabra que saliese de mi boca para nunca más volver, alguna cama perdida donde no llegué a echar el ancla, algún paseo por los lugares que pisaste, conmigo o sin mí, porque ya daba igual. Perdí sin razón aparente.
No te voy a echar de menos, no te daré ese privilegio. Saber, amar, respirar, abrazar. Son palabras básicas que nunca entendiste. Me partiste en dos, jugaste conmigo, pero nunca te odié por ello. El otro día lo comentaba con un amigo. Nunca puede odiarse a alguien que te pisó el corazón. Si lo pisó es porque alguna vez lo tuvo. Y tú lo tuviste. Y tú lo sabes.
Aun así, justo hoy, tras casi tres tristes años, no te mereces ni una línea más.


